disciplina. Esa es la razón de que haya llegado tan lejos.
Daniel estuvo a punto de ahogarse con el vino.
Yo le apreté la rodilla debajo de la mesa.
No valía la pena.
Ethan fingió no escuchar.
Más tarde, mientras recogíamos, me dijo:
—Gracias.
—¿Por qué?
—Por no responderle.
—No era mi batalla.
Sonrió.
—Hace veinte años habría pagado por verte decirle algo.
—Hace veinte años tú estabas escondiendo galletas debajo de la cama.
—Buen punto.
El tiempo siguió pasando.
Sophie creció.
Daniel comenzó a encanecer.
Yo cumplí cincuenta y