casa.
—Lo sé.
—Entonces…
—Necesito dártela.
Su voz cambió.
Daniel guardó silencio.
Ethan señaló el porche.
—Ven.
Caminamos hasta allí.
Frente al lago había tres sillas.
Nos sentamos.
Ethan miró el agua.
—¿Recuerdas la primera noche que llegué?
—Claro.
—Yo estaba seguro de que ibas a cerrarme la puerta.
Me dolió escucharlo.
—No sabía qué tipo de persona eras —continuó—. Mamá me había dicho que papá se había casado con una mujer que no quería saber nada de mí.
Lo miré.
Nunca me lo había contado.
—Cuando abriste, pensé: “Solo