él.
—¿Para quién?
—Para Elena.
—No.
Fue mi respuesta inmediata.
Ethan parpadeó.
—¿No?
—Absolutamente no.
—¿Por qué?
—Porque esto cuesta una fortuna.
—Puedo pagarlo.
—Ese no es el punto.
—Entonces ¿cuál es?
No sabía explicarlo.
Yo no había hecho nada esperando aquello.
Había abierto una puerta.
Le había pelado una manzana.
Había comprado zapatos.
Había limpiado vómito cuando estuvo enfermo.
Había asistido a graduaciones.
Había discutido con profesores.
Había ayudado con solicitudes universitarias.
Había sido familia.
Pero en mi cabeza ninguna de esas cosas tenía precio.
—Ethan, no necesito una