El hijo de mi esposo llegó empapado a nuestra puertakara… veinte años después me entregó las llaves de una mansiónkara

—¿Qué cosa?

—¿Ethan te compró una casa?

Su voz temblaba.

—Laura…

—¿Una mansión?

No respondí.

—¡Soy su madre!

Allí estaba.

La herida real.

No era la casa.

Era lo que representaba.

—No tienes que discutir esto conmigo.

—¡Le di la vida!

—Nunca he negado eso.

—¡Y te compra una casa a ti!

Suspiré.

—Habla con Ethan.

—Lo hice.

—Entonces respeta lo que te diga.

Laura soltó una risa amarga.

—Claro. Es fácil para ti.

—¿Qué cosa?

—Apareciste cuando él ya estaba creciendo y te llevaste la mejor parte.

Aquella frase