El hijo de mi esposo llegó empapado a nuestra puertakara… veinte años después me entregó las llaves de una mansiónkara

Un niño que pidió dos días de refugio.

Y terminó quedándose en nuestra vida para siempre.

También me preguntan por la mansión.

Sí.

Sigo viviendo en ella.

Laura vino una vez.

Muchos años después de aquella llamada.

Se quedó observando la casa desde el jardín.

Pensé que haría algún comentario.

No lo hizo.

Tomamos café.

Hablamos durante casi una hora.

Antes de marcharse se detuvo junto a la puerta.

—Debiste odiarme.

La pregunta me sorprendió.

—Hubo momentos en que estuve muy enojada contigo.

—No es lo mismo.

—No.

Miró hacia