el interior.
En una pared del recibidor había varias fotografías.
Daniel y yo.
Sophie.
Ethan en su graduación.
Ethan y Claire.
Todos juntos.
Laura observó una de las imágenes durante un largo rato.
—Gracias por cuidarlo.
No había imaginado escuchar esas palabras de ella.
—También es tu hijo.
Asintió.
—Sí.
Después añadió:
—Pero hubo un tiempo en que necesitaba que alguien lo cuidara mejor de lo que yo estaba haciéndolo.
No supe qué responder.
Quizá ninguna respuesta era necesaria.
Laura se marchó.
No nos convertimos en amigas.
La vida real