El hijo de mi esposo llegó empapado a nuestra puertakara… veinte años después me entregó las llaves de una mansiónkara

La lluvia golpeando las ventanas.

Y el sonido casi imperceptible de unos nudillos contra nuestra puerta.

Si aquella noche hubiera tardado treinta segundos más en reaccionar…

tal vez Ethan habría vuelto a caminar bajo la tormenta.

Tal vez habría pensado que su madre tenía razón.

Que ya no había un lugar para él en la vida de su padre.

Quizá nunca habríamos conocido la verdad.

Tal vez Daniel habría perdido para siempre a su hijo.

Y yo habría perdido a uno de los seres humanos que más amo sin siquiera