a reír.
“Mamá, durante meses no paraba de decir que mi cuerpo no servía para ese vestido. Daniel solo intentaba convencerme de que no había nada malo en mí, simplemente el vestido había sido hecho con otras medidas.”
De repente, cada conversación extraña, cada mirada y cada silencio empezó a tener sentido.
Pero aún faltaba algo.
Daniel le entregó la pequeña caja a Emily.
“Y esta es la verdadera sorpresa.”
Emily la abrió.
Dentro estaba el pequeño colgante de plata de mi madre.
No lo había visto desde que murió.