preguntó Daniel.
—Nadie.
—¿Y por qué tiene una puerta tan grande?
—Para poder salir rápido.
Daniel tuvo que mirar hacia otro lado.
La psicóloga le había explicado que no debía convertir cada dibujo, cada pesadilla o cada silencio en una pregunta. La recuperación no era una investigación paralela.
Era paciencia.
Rutina.
Seguridad.
Un día Lucía pidió churros con chocolate.
Otro se enfadó porque Daniel no le dejó ver dibujos hasta terminar una ficha del colegio.
La primera vez que ella le gritó “¡no es justo!”, él tuvo que esconder una