niña asintió.
—Dice que confundo sueños con cosas de verdad. Y que si sigo diciendo mentiras nos van a separar.
Desde el comedor, Javier gritó:
—¡Lucía!
La pequeña dio un salto.
Daniel le tomó la mano.
—Escúchame. No has hecho nada malo.
—¿Me crees?
—Sí.
Lucía volvió al comedor. Daniel se quedó solo en la cocina, mirando su teléfono.
Podía acusar a Javier delante de todos. Podía exigir respuestas.
No hizo ninguna de esas cosas.
Llamó a la doctora Irene Salas, pediatra y amiga de la familia.
—Necesito que me