digas qué hacer —susurró—. Es por Lucía.
Irene escuchó y su voz cambió.
—No la interrogues. No enfrentes a sus padres. Si puedes sacarla de la casa sin ponerla en riesgo, llévala a urgencias pediátricas. Yo avisaré al equipo de guardia.
Daniel miró hacia el comedor.
Javier brindaba. Marta sonreía para una foto. Lucía seguía de pie.
Cuando Javier creyó que nadie lo observaba, miró a su hija.
Lucía bajó los ojos de inmediato.
Aquella mirada decidió todo.
Dos horas después, en un hospital de Madrid, una médica cerró la