asintió.
La Policía y los servicios de protección infantil fueron avisados. Javier llamó 11 veces. Marta, 7.
Daniel no contestó hasta que un agente se lo permitió.
—¿Dónde está mi hija? —rugió Javier.
—A salvo.
—Te voy a hundir.
—Ahora mismo eso es lo menos importante.
A la mañana siguiente, Javier ya tenía abogado. Marta declaró que Lucía era imaginativa y que Daniel, después de años de mala relación con su hermano, estaba manipulando la situación.
Durante 3 días, la familia entera se dividió.
Los abuelos exigían “arreglarlo en casa”.