siquiera podía defenderse. Esa inseguridad, admitió, la había descargado injustamente sobre una nena de cinco años.
Ramón le dijo que lo que había hecho no era imperdonable, pero que no podía volver a pasar, y le sugirió que al día siguiente, con todo más tranquilo, se pusiera a la altura de Martina y le pidiera perdón como corresponde. Después, a pedido de Daniela, le contó cómo había sido Valeria: minuciosa, con opiniones fuertes, capaz de interrogarla sin filtro sobre sus intenciones con Ignacio, pero también la primera en defenderla si