creía que era buena para su familia.
Un año después
A la mañana siguiente, Daniela cumplió su palabra: se agachó a la altura de Martina y le dijo que se había equivocado. La nena, con la practicidad de sus cinco años, la perdonó enseguida y la entretuvo durante veinte minutos explicándole los distintos sonidos que hacen los zapatos según el piso.
Un año más tarde, Ramón recibió una foto de un cumpleaños de Martina: Ignacio de un lado, Daniela del otro, y ella justo en el medio, riendo. Debajo, Daniela