que Alejandro y yo perdimos durante el embarazo.
Debajo de una fotografía había una llave.
317.
Me senté en el piso.
—Estuvo aquí todo este tiempo.
Laura permaneció en la puerta.
—Puedo esperar afuera.
—No.
La miré.
—Ya estoy cansada de secretos.
A la mañana siguiente fuimos al banco acompañadas por el abogado de Alejandro, Rafael Lozano.
Cuando mencioné la caja 317, su rostro cambió.
—Entonces finalmente la encontró.
—¿Usted sabía?
—Sabía que existía.
—¿Qué contiene?
—Alejandro me prohibió abrirla.
—¿Y sabía de Laura?
Rafael miró hacia ella.
—Sí.
Me