tensó.
Abrí.
Era el testamento.
Yo conocía el testamento de Alejandro.
O creía conocerlo.
Había firmado uno nuevo ocho meses antes de morir.
Me dejó nuestra casa.
Las cuentas conjuntas.
Sus inversiones.
Pero había creado además un fideicomiso.
Valor aproximado:
6.4 millones de pesos.
Beneficiaria principal:
Laura Mendoza.
Laura se levantó.
—No.
—¿Qué?
—No quiero esto.
—Es tuyo.
—No quiero dinero de un hombre que no pudo tocar mi puerta.
Aquello me dolió porque entendía perfectamente.
Rafael levantó una mano.
—Hay una condición.
Ambas lo miramos.
—¿Qué condición?
—El