ANTES DE MORIR, MI ESPOSO ME PIDIÓ ENTREGAR UNA CARTA A UNA MUJER DESCONOCIDA — AL ABRIRLA ME PREGUNTÓ: «¿ÉL TE CONTÓ TODA LA VERDAD?»

irreconocible del hombre con quien había compartido más de media vida.

Sus manos temblaban.

Respirar le costaba.

Pero cuando intenté dejar el sobre sobre la mesa, me sujetó de la muñeca.

—Prométemelo, Teresa.

—Primero dime quién es.

—No puedo.

—¿No puedes o no quieres?

Cerró los ojos.

—Por favor.

Miré el nombre.

LAURA MENDOZA.

Escrito con su propia letra.

—¿Fue alguien con quien estuviste?

Abrió los ojos.

Había lágrimas.

—No.

—¿Entonces?

—Cuando ella lea la carta, entenderás.

Aquello me molestó.

—Alejandro, no quiero entender después. Soy tu esposa.

—Lo sé.

—