ANTES DE MORIR, MI ESPOSO ME PIDIÓ ENTREGAR UNA CARTA A UNA MUJER DESCONOCIDA — AL ABRIRLA ME PREGUNTÓ: «¿ÉL TE CONTÓ TODA LA VERDAD?»

Treinta y cuatro años.

—Lo sé.

—Entonces dime.

Me apretó la mano.

—Tengo miedo de que si intento explicarlo no me alcance el tiempo.

Esa frase destruyó mi enojo.

Porque ambos sabíamos de qué tiempo hablaba.

Me senté junto a él.

—¿Qué quieres que haga?

—Llévasela tú.

—¿Por correo?

—No.

—¿Por qué?

—Tiene que verte.

Eso fue todavía más extraño.

—¿Por qué necesita verme?

Su respuesta fue apenas un susurro.

—Porque si la recibe de otra persona, quizá nunca crea lo que escribí.

—¿Y no debo abrirla?

—No.

—¿Ni después