muchísimo.
—Nunca vi un peso.
—Alejandro tampoco sabía qué ocurrió —dijo Rafael—. Años después descubrió que la cuenta había sido cerrada.
—¿Mi madre se lo quedó?
—Eso necesitamos determinar.
Había copias de estados de cuenta.
Retiros.
Transferencias.
Una dirección.
Y un nombre desconocido.
Ricardo Mendoza.
Laura frunció el ceño.
—Ese era mi padrastro.
Entonces su rostro cambió.
—No.
—¿Qué? —pregunté.
—Mamá siempre dijo que Ricardo pagó nuestra casa.
Revisamos los documentos.
La casa había sido comprada meses después de retirar el fondo de Laura.
Laura comenzó a llorar.
—Mi madre