usó el dinero de mi padre para comprar la casa donde me enseñó a odiarlo.
Nadie respondió.
Pero todavía faltaba algo.
En el fondo de la caja había una grabadora digital.
Y una nota de Alejandro:
“Escuchar antes de juzgar a Patricia.”
Laura y yo nos miramos.
Presioné reproducir.
La voz de Alejandro llenó aquella pequeña sala bancaria.
—Patricia, necesito que digas la verdad.
Después escuchamos la voz de la madre de Laura.
Vieja.
Cansada.
—¿Qué verdad quieres, Alejandro?
—Por qué nunca recibió mis cartas.
Silencio.
—Porque las escondí.
Laura