Patricia negó.
—Me entregó una carta.
—¿Dónde está?
Patricia sacó un sobre.
Laura lo abrió.
Leyó.
Después me lo dio.
Alejandro había escrito:
“Laura:
Estoy sentado a menos de cien metros de tu escuela.
No sé si debería entrar.
Tu mamá dice que me odias.
Si es verdad, lo aceptaré.
Pero necesito que sepas que sigo aquí.”
Laura cayó sentada.
Entonces ocurrió el giro que nadie esperaba.
Patricia dijo:
—No terminé.
La miramos.
—Tres años después yo intenté localizarlo.
—¿Por qué?
—Ricardo se había ido. Yo estaba enferma. Pensé que