eras pequeña preguntabas por él.
—¡Era mi padre!
—Tenía miedo de perderte.
—¡Y para no perderme hiciste que yo lo perdiera a él!
El grito me atravesó.
Patricia se cubrió el rostro.
—Sí.
Laura lloraba.
—¿Alguna vez intentó verme personalmente?
Patricia tardó demasiado.
—Mamá.
—Sí.
—¿Cuándo?
—Cuando tenías dieciséis.
—¿Qué pasó?
—Vino a tu escuela.
Laura quedó inmóvil.
—¿Lo vi?
Patricia lloró.
—No.
—¿Qué hiciste?
—Llamé a seguridad.
Laura retrocedió.
—No.
—Le dije que si regresaba denunciaría que estaba acosando a una menor.
—¿Y se fue?
—Sí.
—¿Eso fue todo?