quien dormía.
Estaba equivocada.
Pero también habría sido injusto creer que descubrir su secreto convertía todo nuestro matrimonio en mentira.
Alejandro me amó.
Y me mintió.
Amó a Laura.
Y le falló.
Intentó encontrarla.
Y después tuvo demasiado miedo para tocar su puerta.
Todas esas cosas podían ser ciertas al mismo tiempo.
Su última petición no corrigió treinta y cuatro años de silencio.
Ninguna carta podía hacerlo.
Pero consiguió algo.
Puso finalmente la verdad en manos de las dos mujeres a quienes había privado de ella.
Y después de morir…