míos. Eran de la pensión y del seguro de tu papá. Pero la abogada va a pedir revisión porque mientras él decía no tener para pagar enfermera, sí tenía para tus viajes a Cancún, tu moto y tus tenis de diecisiete mil pesos.
Tomás miró a su padre.
—Dijiste que todo estaba arreglado.
Esteban lo fulminó.
—Cállate.
Yo sonreí.
—Eso. Cállense entre ustedes. A mí ya me cansaron.
Fui a la puerta y la abrí.
Afuera estaba una mujer de uniforme blanco con una mochila médica.
Esteban frunció el ceño.
—¿