Después de cinco años bañando a mi esposo paralítico, lo escuché reírse y decir que yo era “una enfermera gratis”. Ese día no grité… ese día empecé a quitarle todo sin que se diera cuenta.

jurídica y psicológica a mujeres según sus necesidades y con perspectiva de derechos humanos. No fui a llorar. Fui a aprender cómo se llama esto.

Esteban respiró fuerte.

—¿Me denunciaste?

—Todavía no por todo.

Tomás se adelantó.

—Vieja loca, si crees que vas a quitarle algo a mi papá—

—Un paso más —lo corté— y llamo a la policía.

Se detuvo.

No porque me respetara.

Porque por primera vez no sabía qué tan lejos había llegado yo. 

—Tomás —dije—, se acabaron tus depósitos.

—No puedes hacer eso.

—No son