jurídica y psicológica a mujeres según sus necesidades y con perspectiva de derechos humanos. No fui a llorar. Fui a aprender cómo se llama esto.
Esteban respiró fuerte.
—¿Me denunciaste?
—Todavía no por todo.
Tomás se adelantó.
—Vieja loca, si crees que vas a quitarle algo a mi papá—
—Un paso más —lo corté— y llamo a la policía.
Se detuvo.
No porque me respetara.
Porque por primera vez no sabía qué tan lejos había llegado yo.
—Tomás —dije—, se acabaron tus depósitos.
—No puedes hacer eso.
—No son