Lo sé.
—¿Por qué ahora? —preguntó ella con voz temblorosa.
—Porque Bruno me pidió una cosa. Y yo la considero su última voluntad.
Julia me miró.
—Mamá, ¿qué hago?
La tomé de la mano.
—No me toca a mí decidir. Pero él quiso que supieras que nunca estuviste sola.
Julia guardó silencio mucho tiempo. Luego miró a su padre.
—No puedo prometerte nada.
—Lo sé.
—Pero voy a escucharte.
Y fue suficiente. Unas semanas después, Ramiro empezó a aparecer en cosas pequeñas: un café, una llamada, nada insistente. Solo presencia.