una puerta mientras él me expulsaba?
Mi madre bajó la cabeza.
No tenía respuesta.
Nadie la tenía.
Leo se deslizó del sofá y vino hacia mí. Me abrazó por la cintura.
—¿Mi papá era bueno?
La pregunta fue tan simple que hizo que el dolor de diez años regresara con toda su fuerza.
Me agaché frente a él.
—Era bueno. Era valiente. Y te habría querido muchísimo.
—¿Por qué no está aquí?
Tomé aire.
—Porque algunas personas hicieron cosas muy malas y él intentó detenerlas.
Mi padre golpeó la mesa