vamos a decir la verdad.
Se volvió hacia Zach.
—Aurora no es tu prometida. Es una persona que necesita estar segura. Podemos ayudarla, pero ella decide qué ayuda acepta.
Zach pareció considerar aquello con la seriedad de un juez pequeño.
Luego asintió.
—Entonces puede ser mi amiga.
—Eso sí —dije.
Su sonrisa regresó.
Afuera se oyó el motor de una camioneta arrancando.
Uno de los hombres de Michael miró por la ventana.
—Se fueron, señor.
—No los sigan —dijo Michael.
El hombre pareció sorprendido.
—Pero…
—Dije que no los sigan.