Cuatro meses.
Justo cuando quedé embarazada.
Justo cuando Ryan empezó a insistir más en que debía “dedicarme completamente a la familia”.
Apreté la manta del hospital.
—Quería dejarme sin nada.
Mi abogado no respondió.
No hacía falta.
Porque finalmente todo tenía sentido.
Ryan no quería una esposa.
Quería acceso.
A mi casa.
A mi dinero.
A mi futuro.
Entonces mi teléfono volvió a sonar.
Era Ryan.
Lo miré durante varios segundos.
Antes habría contestado.
Habría intentado entender.
Habría buscado una explicación que pudiera salvar nuestro matrimonio.
Pero esa mujer