dijera que trabajaba en el evento. Elena, dolida, se aferró instintivamente al viejo collar de plata en forma de medio sol que colgaba de su cuello, un regalo de Rosa poco antes de morir.
Ese collar era su único vínculo con su origen. Rosa le había contado que la encontraron después de un incendio hace tres décadas, con una quemadura en la clavícula y aquella joya apretada en su pequeña mano.
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La llegada del magnate
La calma del salón se rompió cuando entró Richard Kensington, el multimillonario