un problema administrativo —dijo Alejandro como si fuera una pregunta sin importancia.
La sonrisa de Ernesto desapareció apenas un segundo.
—Robos internos. Una empleada.
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—¿Mariana López?
El silencio cambió la habitación.
Ernesto dejó la botella sobre el escritorio.
—¿De dónde conoce usted ese nombre?
Alejandro sonrió.
—En los negocios conviene investigar todo.
Ernesto recuperó la compostura.
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—Esa mujer nos robó.
—¿Fue condenada?
—No.
—¿Encontraron el dinero?
—No.
—¿Encontraron transferencias firmadas por ella?
Ernesto endureció el rostro.
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—No sé qué está insinuando.
Alejandro lo miró directamente.
—Todavía nada.