comentarios sobre cómo debía mantenerse la casa.
Después decidió a qué hora debía levantarse Valeria.
Luego comenzó a revisar si la comida estaba hecha como a ella le gustaba.
Cuando yo viajaba, las reglas empeoraban.
Si había visitas, Valeria debía servir.
Si Teresa consideraba que había contestado mal, le quitaba el teléfono por unas horas.
Y Sofía empezó a recibir tareas que mi madre llamaba educación.
—¿Por qué no me lo dijiste? —pregunté al final.
Valeria me miró cansada.
—Sí te dije.
No supe qué contestar.
—Te dije que tu