Seguí sentada en el suelo del garaje durante varios minutos, con aquella fotografía entre las manos.
Harold parecía tener unos diecinueve años. Era inconfundible: el mismo cabello oscuro, la misma forma de mirar a la cámara y aquella pequeña sonrisa que conservó incluso cuando envejeció.
Pero yo no conocía a la joven que estaba a su lado.
Y mucho menos al bebé que sostenía entre los brazos.
Volví a mirar la frase escrita detrás de la fotografía.
«El día en que empezó el secreto que cambiaría nuestras vidas.»
Sentí una