hice.
Le di tiempo para reunir sus medicamentos y algunas pertenencias.
Después salió del departamento.
No hubo gritos en el pasillo.
No hubo una última frase perfecta.
Solo una puerta que se cerró.
Los días siguientes fueron incómodos de una manera distinta.
Sofía preguntaba si la abuela iba a volver.
Al principio lo hacía varias veces al día.
Valeria se despertaba cuando escuchaba ruidos en la cocina.
Yo empecé a notar hábitos que antes me parecían normales.
Mi esposa pedía permiso para comprar cosas pequeñas con dinero de nuestra