vi que tú no querías seguir, le dije que te contara la verdad.
—Pero no lo hizo.
—No.
—Y tú seguiste.
—Sí. Y lo lamento.
Miré la caja. Por primera vez en veinte años, dos verdades podían existir juntas: mi pelo había ayudado a muchas personas, tal vez incluso cambiado vidas. Pero se lo habían llevado contra mi voluntad. Un gesto hermoso hacia desconocidos no borraba lo que Rodrigo me había hecho a mí.
La conversación en el hospital
Cuando Rodrigo despertó, yo estaba junto a la cama. Lo primero