tu voz o tu dignidad para mantener tranquilo al otro no es un hogar.
Es una jaula.
Y salir de una jaula siempre parece aterrador mientras sigues dentro.
Una noche, desde la terraza de mi nuevo departamento, recordé aquella mañana frente al juzgado.
Teresa diciéndome que no me llevara nada.
Rodrigo ofreciéndome cien mil pesos como compensación por cinco años.
Yo alejándome con dos maletas.
Sonreí.
Porque finalmente entendí la ironía.
Ellos creían que me habían dejado con las manos vacías.
Pero yo salí de aquella casa con lo único