Por la mañana me echaron de casa con dos maletas; por la noche mi suegra celebraba a la mujer que, según ella, le daría un nieto y millones a la familia. Esperé hasta que mi ex levantó el anillo frente a todos, caminé hasta el escenario y dije: “Antes de que se lo pongas, escucha esto”. Entonces saqué la prueba que podía destruir todo el banquete.

casi me clavó una uña roja en la cara.

—¡No te atrevas! Renata tiene ultrasonidos. ¡Es un niño!

Miré a Rodrigo.

Por primera vez vi miedo en sus ojos.

Pero duró poco.

—Estás celosa —dijo—. Te voy a transferir cien mil pesos. Busca un departamento pequeño y empieza de nuevo.

—Qué generoso.

Teresa levantó orgullosa la barbilla.

—Esta noche gastamos casi ochocientos mil pesos en el banquete. Pedí dinero prestado y puse como garantía la casa de Cuernavaca, pero cuando el papá de Renata haga socio a Rodrigo, eso será