casi me clavó una uña roja en la cara.
—¡No te atrevas! Renata tiene ultrasonidos. ¡Es un niño!
Miré a Rodrigo.
Por primera vez vi miedo en sus ojos.
Pero duró poco.
—Estás celosa —dijo—. Te voy a transferir cien mil pesos. Busca un departamento pequeño y empieza de nuevo.
—Qué generoso.
Teresa levantó orgullosa la barbilla.
—Esta noche gastamos casi ochocientos mil pesos en el banquete. Pedí dinero prestado y puse como garantía la casa de Cuernavaca, pero cuando el papá de Renata haga socio a Rodrigo, eso será