Mi cuñada encerró a mi hija con fiebre y mi esposa oyó todo-felicia kara

mano cerca de Sophia siempre que el tráfico me lo permitía.

Ella se había quitado los zapatos mojados y tenía los pies recogidos debajo de la chamarra.

—¿Mami está enojada conmigo? —preguntó.

—No.

—¿Con la tía Sarah?

Miré el camino.

—Mami está preocupada por ti.

Sophia guardó silencio un momento.

—Yo quería entrar.

Sentí que se me tensaban los dedos sobre el volante.

—Ya sé.

—Le dije que tenía frío.

Tragué antes de responder.

—Ya estás conmigo.

Tres palabras.

Sophia asintió y cerró los ojos.

Cuando llegamos a que la