Una sola palabra.
Sarah giró hacia mí como si esperara que yo interviniera a su favor.
No lo hice.
—No me hables como si hubiera lastimado a la niña —continuó—. Tu marido está exagerando porque lleva meses esperando una oportunidad para echarme. Ni siquiera trabaja de verdad y ahora quiere actuar como dueño de todo.
Sophia movió la cabeza dentro de mi chamarra.
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—Papi, vámonos.
Eso terminó cualquier posibilidad de seguir discutiendo en la entrada.
—Claire, voy a llevarla a que la revisen —dije.
—Sí. Ve.
Sarah dio un