mi herencia.
Mi madre había dejado un fideicomiso familiar valorado actualmente en más de cuatrocientos millones de pesos.
Yo siempre había creído ser la única beneficiaria.
Pero existía una cláusula:
Si aparecía una segunda hija biológica, ambas recibirían partes iguales.
—Gabriel quería encontrarla —murmuré.
—La encontró hace cuatro años.
Exactamente cuando comenzaron las transferencias.
Pero había algo que no encajaba.
—Si Abby podía reclamar directamente su mitad, ¿por qué robarme?
Mi abogado abrió el último documento.
La cláusula completa decía que la segunda heredera solo recibiría derechos si ambas hermanas