no sabía expresarse”. Cada vez que preferí la paz superficial a escuchar la incomodidad de mi hija.
El tercer video tenía fecha de esa misma mañana.
Emily estaba en la cocina de su casa. Noah jugaba en el suelo con bloques de colores. Rebecca entraba sin anunciarse.
—¿Cómo conseguiste entrar? —preguntaba Emily.
—Tu padre me dio una llave hace meses.
—Sal de mi casa.
—Primero dame la memoria.
Emily apretaba un pequeño dispositivo negro. La misma memoria que ahora estaba conectada al ordenador delante de mí.
—Él tiene derecho a