la memoria USB en el puño.
En vez de ir al salón principal, caminé hacia la oficina de administración del hotel. La coordinadora de bodas, una mujer llamada Teresa, me vio entrar y sonrió con nerviosismo.
—Señor Bennett, faltan veinte minutos para…
—Necesito un ordenador privado. Y necesito que nadie entre aquí.
Mi tono bastó.
Teresa cerró la puerta detrás de mí. Inserté la memoria en una laptop del hotel. Durante un segundo, no ocurrió nada.
Luego apareció una carpeta con el nombre de Emily.
Dentro había cuatro archivos de