Nosotros tuvimos el privilegio, después de un proceso largo y complicado, de convertirnos en su familia.
Y existe otra razón por la que todavía me cuesta repetir la pregunta que James me hizo aquel día.
No fue simplemente:
“¿Quieres una hija?”
Me miró en aquel pasillo, llorando por una mujer que acababa de morir, y dijo:
—Emily, sé que esto puede abrir una herida que tardamos años en cerrar. Así que necesito que olvides por un momento el sueño que teníamos. No pienses en la niña que siempre quisimos. Piensa