PARTE 2: LAKARA TIERRA TENÍA MI NOMBRE

volvió al jardín del ático.

Esta vez entró conmigo.

Llevaba una bolsa de semillas y dos etiquetas escritas con mucho cuidado: el nombre de su madre y el de su hermana.

Le había ofrecido un pequeño espacio para plantarlas.

Se arrodilló junto al parterre y empezó a cavar.

Yo me senté a su lado.

—¿Puedo ayudarte?

Me entregó una pala.

—Sí. Pero esta vez no me digas que me quede esperando.

Acepté la pala.

Debajo de nosotros, la ciudad seguía extendiéndose hasta el horizonte.

Durante años había creído que aquella