papá. Estoy dejando de sacrificar personas para protegerlo.
—Maren te está usando.
Sentí una calma peligrosa.
—Habla de ella así otra vez y será la última conversación que tengamos.
Silencio.
—Soy tu padre.
—Entonces actúa como alguien que sabe lo que significa serlo.
Colgué.
Me temblaban las manos.
No por miedo.
Por duelo.
A veces romper con una mentira familiar duele casi tanto como perder un matrimonio.
Porque uno descubre que no solo eligió mal a una mujer.
También obedeció mal a un padre.
Maren empezó a permitirme visitas semanales.