Vio a su exesposa caminando con gemelos en brazos… y una sola mirada destruyó su nueva vida perfecta

Parte 2

Me quedé mirando mi propio nombre.

Rowan Bellamy.

Escrito con tinta negra en dos certificados de nacimiento que yo jamás había visto.

Dos niños.

Dos vidas.

Dos hijos.

Míos.

La oficina del investigador privado se volvió demasiado pequeña. El zumbido de la lámpara del techo, el olor a café viejo, las paredes cubiertas de diplomas baratos y licencias enmarcadas… todo pareció alejarse.

—¿Dónde encontraste esto? —pregunté.

Mi voz no sonó como mía.

El investigador, Paul Hargrove, tragó saliva.

Era un hombre de unos cincuenta años, exdetective, barriga incipiente,