cautelosos.
A veces amigos.
A veces dos personas que todavía tropiezan con los escombros de algo que fue hermoso antes de ser destruido.
Hay días en que me mira y sé que recuerda el vestíbulo donde la eché.
Hay días en que yo la veo cargar a nuestros hijos y recuerdo la carretera, el polvo, el billete de veinte dólares cayendo junto a sus pies.
No hay amor sano que pueda crecer negando eso.
Si alguna vez vuelve a existir algo entre nosotros, tendrá que nacer sobre verdad, no sobre