lo preparaba para mi cumpleaños número 65: una pequeña exposición con las fotos reveladas, enmarcadas, en el salón de la casa. “Siempre supe que había una tristeza en ti que no contabas, mamá. Pensé que quizá Laura podía volver a estar presente de otra manera”.
Mateo, que había escuchado todo desde la puerta, se acercó y me preguntó muy bajito: “Abuela, ¿te arruiné la sorpresa?”. Lo levanté en brazos. “No, mi amor. Me hiciste el mejor regalo de mi vida”.
El día de mi cumpleaños, rodeada de familia y de