Entonces, ¿para qué las guardaste?
—Porque son de tus hijos también.
El silencio entre ellos duró apenas unos segundos.
Uno de los niños comenzó a llorar en la habitación contigua.
Lucía se levantó inmediatamente.
Mateo dio un paso para seguirla, pero se detuvo.
No sabía si tenía derecho a entrar.
Lucía cargó al pequeño y lo acomodó contra su hombro.
El niño dejó de llorar poco a poco.
Mateo observó la escena desde la puerta.
Durante años había pensado que Lucía representaba la etapa de su vida en la que