había sido pobre.
Ahora veía algo distinto.
Ella era la persona que había sostenido todo mientras él se marchaba.
La parcela.
Los niños.
La casa.
La memoria de su padre.
Y una historia que Mateo había decidido no escuchar.
—¿Por qué no me buscaste después? —preguntó él.
Lucía regresó a la mesa con el niño en brazos.
—Sí te busqué.
—¿Y después?
—Después entendí que no podía criar a tres niños esperando que algún día contestaras.
Mateo bajó la mirada.
Aquella respuesta no era un insulto.
Era un hecho.
—¿Ellos